Son los cambios, querida, los cambios
Pequeña epifanía en el bus
El amor no murió cuando te fuiste. Murió aquella noche, entre abrazos y gritos de placer. No aguantó más la tristeza causada por la inminente distancia. Por el inevitable adiós.
dejar ir
Por enésima vez, necesito convencer a mi mente (y al corazón de paso) de que lo que fue sí ocurrió y de que no va a volver a ocurrir, pero entonces debo dejar de desear caminar en el frío que congelaba las puntas de los dedos, buscar en todas las tiendas los ingredientes que se me ocurría pudieran gustarte. Debo dejar de escuchar la música que escuchaba en esos momentos, dejar de desear verte otra vez al volver a casa, que no era hogar, como querías que lo fuera. Pero ¿podría haber llegado a serlo? No el mío. No el nuestro. Y aún así, con el corazón en la mano y las verduras en la olla, te cocinaba, te cociné y te cocinaría, simplemente porque te amaba. Pero volvamos al frío, a las puntas de los dedos que se congelaban a pesar de los guantes, a las ráfagas de viento que quemaban la cara, a la ciudad de piedra, congelada en el pasado que no era mío y que probablemente no lo será. Volvamos a ti, que deacubrí poco a poco no eras mía y probablemente nunca lo serás.
Sin título
Sin hacer divisiones y no tan específicamente: sé que esto no es el final, pero por ahora no se puede seguir.
Te quiero.
Sin título
Y el tiempo pasó, fue apenas el suficiente para que el día de hoy se acabara ese jabón que compramos juntos, mi cepillo de dientes está gastado y las cerdas están felizmente en desorden. Las cosas no sienten, se desgastan pero no sienten. Y yo hoy un grado más. Me desgasto sintiendo.
siento
La petite mort
a esa muerte pequeña
que los franceses
tanto añoraban
busquemos en el fondo de cada pliegue
de cada poro
en lo más profundo
de tu mar ardiente
y allí empapados
perdidos en el oleaje
de besos
y caricias
dulces
dejemos la búsqueda
que si quiere ella nos busque
y que se muera
al vernos
apenas listos
para empezar la búsqueda
de nuevo
Aviones
¿Qué habrían hecho los que inventaron el Reino de los cielos si hubiesen podido montarse en un avión (olor a sándwich) y ver que allá arriba sólo hay nubes? ¿Habrían seguido viendo hacia el cielo, pensando que algún dios (sí, con minúsculas) se hallaba sobre sus cabezas, o se hubieran conformado con amar lo terrenal?
