El día que te fuiste la ciudad siguió igual, el cielo siguió igual, el sol comenzaba a calentar con ligereza primaveral e incluso yo seguía igual. El romper iba más allá de lo físico. Los edificios no sienten, el sol no siente, o por lo menos no siente de la msima manera que yo.
Y el tiempo pasó, fue apenas el suficiente para que el día de hoy se acabara ese jabón que compramos juntos, mi cepillo de dientes está gastado y las cerdas están felizmente en desorden. Las cosas no sienten, se desgastan pero no sienten. Y yo hoy un grado más. Me desgasto sintiendo.
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