Querida:
A estas alturas del a vida uno deja de creer en varias cosas. No las enumero, para evitar confusiones y porque aquel maestro uruguayo de la mirada triste, pero amigable, ha enumerado varias ya.
Sin embargo, y esto lo comparto también con el poeta, creo en tus ojos y tus manos en particular.
Esas manos que sin pensarlo crean en mi una calma infinita y esos ojos, redondos, grandes, con sus colores tan poco comunes, que me invitan a perderme en ellos, a volar junto a ellos...
Volemos pues. Con tu mano en mi mano.
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Querida
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