¡Ya lo he planeado, querida! No te imaginas todo lo que tendré preparado.
Se me ocurre que vas a llegar, montada en aquellas alas de metal, ligera como pluma, con un poquito de jet-lag pero completamente alegre, trayendo contigo todas tus imágenes y tus letras, incluso las que no he imaginado.
Y te voy a ver, y voy a tener unas pocas dudas; pero no te asustes, querida, así me pasa siempre con la realidad, dudo que sea ella la que se asoma por mis ojos.
Acto seguido, voy a abrazarte, voy a sentir que ahí estás y la realidad vencerá a la ficción. O quizá se mezclara la una con la otra. Eso no lo sé.
De lo que estoy seguro, es de lo que haré después, linda.
Voy a tomarte con ambas manos, que estarán un poco más entorpecidas de lo normal debido a la emoción, y voy a acercar mis labios a los tuyos, para darte un beso.
No sé si será un beso grande o un beso pequeño, pero se al un beso al fin. O mejor dicho ¡Al fin un beso!
Y eso será el final de todo lo que he planeado. Y el principio de muchas cosas que nadie ha preparado.
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