Hora de dormir

Pienso, linda, que, en este momento acompañarte a dormir sería la peor idea del mundo.
Es lógico pensarlo, pues es el momento en el que dejo de verte, en el que la maravilla de tu cuerpo yaciendo ahí, sobre la cama, podría ser una ilusión. Uno, dos, tres besos en el hombro y un suspiro: ahí sigues, con los ojos cerrados, respirando en paz. Al final, el cansancio me invade y claudico, pero no de la maravilla, amor, nunca de la maravilla, sino de velar,  después de que nos hemos desvelado juntos. Uno, dos, tres besos en el hombro y cierro los ojos, esperando que al volver a abrirlos, la maravilla siga ahí.

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