Encontrar en una torre

¿Alguien se acuerda de aquellos tiempos, cuando uno era joven, amaba las cosas porque sí, y si dejaba de amar era el fin del mundo; de cuando la música pretendía nada más que dar sentido a lo que se pensaba, y todo iba a ser para siempre? Eran buenos tiempos, era, en pasado, para ahorita la mayoría de las conexiones sinápticas de ese tiempo se deshicieron, es una lástima. Sin embargo, resulta que la memoria funciona a partir de muchas más cosas que simples enlaces entre dendritas y demás elementos cerebrales, o sea, depende del sentimiento, puede que haya sido positivo o negativo, depende también del tiempo que estuvimos cercanos a tal o tal estímulo, a la situación pues; en fin, son tantos elementos que nos hacen recordar u olvidar cosas... Pero el día de hoy re-apareció algo mágico en mis manos, una torre llena de discos, en su mayoría grabados por mi.

Datan principalmente de cuando tenía algo así como diecisiete años, momento importante en mi vida, llamémosle parteaguas. En ese momento me enamoré de la luna, pisé por primera vez Costa Rica, me di cuenta de lo prácticamente imposible que es conocer todo, porque todo se puede ver de demasiadas formas, conocí a los Bright Eyes, acepté que aún me faltaba mucho para ser adulto aunque mi papá siempre había insistido en que no. El punto es que ocurrieron demasiadas cosas, demasiada música que como hasta ahora significaba, o significó un momento. Es como ver una película de sí mismo, sin verla, además va hacia adentro, no hay nadie más que la vea o la entienda. Es bueno encontrar cosas por el estilo, uno se acuerda de cómo eran las cosas, se da cuenta de cómo algunas cosas no cambian y vuelve a tejer, le agrega ese pedacito que faltaba a la tira de vida que va, que no es muy larga, pero ¡ah qué trabajo ha dado!

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